Bajar cinco pisos
cada mañana no es para tanto, lo peor es cuando te toca subirlos. –cuando piso
la calle me doy cuenta del calor que hace, de lo poco adaptada a este tiempo
que estoy aún, yo, que voy en vaqueros y jerséy. Me cruzo con unos niños que
van al colegio y la estampa me llega hasta el corazón, van cogidos de la mano y
uno mirando al otro, me vienen recuerdos de la infancia, voy recordando
anécdotas vividas y aquellas que no me acuerdo pero que siempre salen en
comidas familiares. Llego al metro. Llego en hora, voy a llegar con tiempo de
sobra, como a mí me gusta. En el metro me conecto a los cascos y a mi música,
siempre busco las letras más enriquecedoras, y “te vi bailar bajo la lluvia” de
Quique González me apetecía mucho aquella mañana.
domingo, 30 de octubre de 2016
sábado, 8 de octubre de 2016
monotonia vol I
Miro por la ventana en busca de respuestas, respuestas a preguntas que realizo muy, muy a menudo y que de momento no encuentran respuesta. Vuelvo a mirar por la ventana mientras doy otro sorbo a mi café recién hecho. Observo cada ventana de cada edificio, jugando a adivinar las vidas de las personas que las llenan de vida. Alguien se asoma, bajo el calor abrasador de la mañana.
El viento entra por la ventana, mientras cierro los ojos, me mueve el pelo y me revuelve el olor de mi piel. Que momentos tan pequeños, tan enormes, tan únicos y a la vez tan cotidianos. Y las nubes en lo alto, empiezan a moverse haciendo figuras divertidas. Y fantaseo un rato, con esto y con lo otro, con sueños y metas, con que va a ser un buen día, con que va a ser una buena vida. Y se acaba el café, y el locutor de la radio avisa de que llego tarde. Y de nuevo, vuelvo a posar los pies en el suelo. Golpe de realidad. Empieza el día, y las prisas.
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