Me levanté con ganas de marchar,
unos se cambian de perfume
y otros se van por ahí a cenar.
Yo cogí una maleta, y cambié de rumbo
sin mirar atrás.
Bajando la escalera, aquella de siempre,
intenté ver y mirar, algo nuevo,
algo diferente que resaltar.
No vi nada, como siempre,
todo tenía que cambiar,
nada tenía que perder,
todo tenía que ganar.
Cruzando la estación,
con una mano delante y otra detrás,
pude yo observar ,
que el pecho no podía controlar,
y es que era una difícil decisión,
como acompañantes tenía,
fuerza, cerebro, coraje y corazón.
Y aquí estoy ahora,
llena de matices y cicatrices
hechas y curadas por mi sóla
con la cabeza fría, el corazón caliente,
con la mirada ida,
y voz y fuerza potentes.
Me juré a mi misma
que era el momento
y salí adelante,
a mi encuentro.
Y porfin, ya no jugaba a todo o nada
descubrí que a veces sólo necesitaba
de " un poco" y casi nunca "casi nada".