Giré la cabeza para fijarme en las rendijas de la ventana-. Veía el humo de las dudas pasar a toda prisa, con una neblina densa y blanquecina que lo adornaba todo de riesgo a mi al rededor.
Avancé sin cautela unos cuantos pasos para cerrar la puerta, de un portazo, decidida, quería inundarme completamente del humo de las preguntas, para cuestionarme qué cúmulo de situaciones me había llevado a ese punto. El punto de no retorno.
Quería, tal vez pensaba, que acompañadas de las dudas existenciales de mi vida, iban a llegar todas las respuestas, dejando la neblina densa a un lado, en fila, en orden escrupuloso para ser contestadas.
Tal vez no lo pensaba, sólo lo deseaba con todas mis fuerzas, pero, como podéis imaginar no sucedió así.
Yo encontraba muchas preguntas y ninguna respuesta... sólo el dolor de no encontrar solución a los problemas. Abrí la ventana y la puerta, dejé salir la neblina de las dudas y me aventuré a encontrar las respuestas... y aquí sigo, buscando, encontrando, resolviendo un camino que ennegrece otro, viviendo.
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