lunes, 18 de abril de 2016

Y cuando por fin aflojé las presiones las aflojé del golpe, sin frenos. Pude verme en cámara lenta derrumbarme. Fue entonces cuando comprendí que no se puede poner un dique a los sentimientos, un dique perfectamente construido -del que había estado orgullosa tanto tiempo-.

Aquella presa no había hecho otra cosa sino separarme del calor, volverme fría y etérea, no por encima de los demás, aún peor, tan cerca, a la vez, que podía ver las luces cálidas y sin embargo no sentir nada.

En aquel momento fue cuando me di cuenta de la careta que me había implantado, de felicidad irreal, sólo viviendo de excusas y de sueños, sin vivir o luchar por vivir la realidad. Por eso lo supe, por las lágrimas, ya que en el momento en el que el dique se derrumbó, y yo con él, las lágrimas no se retuvieron en el ojo, salieron disparadas como el río que sale de su cauce, imparables, imposibles de serenar.

Y me sentí viva, llorando y pensando un cambio en mi.
Me sentí viva y pedí al universo fuerza y tesón.
Me sentí viva y triste, pero al fin y al cabo viva y con suerte de tener esa posibilidad.
A veces es bonito que te arrinconen contra las cuerdas y hagan elegir a tu subconsciente entre las dos reacciones más primarias: luchar o huir.

sábado, 16 de abril de 2016



Hoy es un día de esos lluviosos, un sábado cualquiera por el norte, en el que sabes que tienes que levantarte de la cama porque tienes la lista de cosas por hacer más que repleta. Pero no puedes. No quieres. Coges el móvil de la mesilla de noche, y, con los ojos entreabiertos por la oscuridad y el sueño miras la hora y ojeas las notificaciones de las cuantiosas redes sociales en las que te encuentras sometida.

Vuelves a mirar el móvil y ya han pasado como veinte minutos. Veinte minutos que has malgastado, como casi todas las mañanas en ver vídeos de gatitos en facebook, o algún cartel de mafalda- al menos vale para algo-.

Te levantas y ves la lluvia y algo en ti te hace suspirar, tu mente vuela buscando datos y algo en ti estalla con el plan más enriquecedor, la "SMP": sofá, manta y peli. Pero antes, un buen café, doble, cargado, por favor.


jueves, 7 de abril de 2016

Me da pena. Si, lo confieso, estar embebida en esta sociedad me da, en numerosas ocasiones, una pena que me encoge el alma y me hace llorar. Me da pena lo escandalosamente vulnerables que somos- digo somos porque se trata de la sociedad-, somos vulnerables desde que abrimos los ojos y vemos una revista o encendemos la tele y la publicidad que emite, desde un canon de belleza en numerosas ocasiones insalubre hasta una marca de rayos uva que nos dora la piel y la desprotege, la daña y la vulnera... y la sociedad, cual borrego, paga por destrozar su piel. También tenemos su opuesto, las personas negras, ahora se blanquean la piel con productos severamente dañinos...

Somos vulnerables porque no somos críticos y no analizamos la realidad con calidad, solo decimos lo que oímos y lo que nos cuentan, esa clase de realidad tan tipificada en los medios, embotellada y servida al mejor postor. Y sabemos que la información es poder, luego los ciudadanos no tenemos poder dado que hoy en días estamos sobreinformados, demasiado, pero con información de todo tipo y de baja calidad. Por tanto, la sociedad tiene que independizarse, pasar a ser crítico, a analizar el porqué de la realidad, de las guerras, de los intereses políticos o de unos pocos, que son, al fin y al cabo los que mueven los hilos.

Me da pena la sociedad que necesita de drogas para ser feliz, para aislarse o porque no sabe hacer otra cosa. Me da pena que no sean libres, que no sepan que tienen otra opción. O no lo quieran saber. Me da pena la sociedad porque no es librepensadora para elegir en que creer, qué es lo mejor para sí mismo y para todos. Porque somos egoístas, porque es difícil confiar en los demás, porque te ponen la zancadilla si te descuidas, porque te engañan para su beneficio y es tremendamente triste.

Me da pena que el dinero sea Todo para todos, me da pena estar sometidos ante la industria tabacalera, farmacéutica; me da pena no luchar por nuestro planeta y contaminar como si no hubiera mañana, dado que está claro que no lo habrá si seguimos con este despilfarro sangrante al planeta.
Me dan pena mis hijos porque no van a conocer un mundo mejor si no alzamos la voz y nos despojamos de creencias religiosas que hieren a otras personas, de políticas que dejan temblando un país después de llevarse El Dorado, de industrias farmacéuticas que sólo quieren un enfermo crónico para hacerse de oro y no buscan la curación de enfermedades, de países que apoyan a la masa borreguil y no luchan contra fuga de cerebros, del egoísmo puro que no hace labores altruistas, de los degenerados que no cuidan nuestro planeta y del mundo de las drogas que sólo exprime al consumidor- desde el bolsillo hasta la salud mental y física- y de las mentalidades que no ven más allá de su nariz.

Me da pena, realmente que todo esto se pueda cambiar y que poca gente hace algo por cambiarlo.
No sólo me da pena, también me da rabia que el tiempo pase, y pase, y pase...

Pero si al menos hago pensar a alguien,....¿ hay luz al final del túnel?