miércoles, 9 de noviembre de 2016

Poesía tontorrona

Me levanté con ganas de marchar,
unos se cambian de perfume
y otros se van por ahí a cenar.
Yo cogí una maleta, y cambié de rumbo
sin mirar atrás.

Bajando la escalera, aquella de siempre,
intenté ver y mirar, algo nuevo,
algo diferente que resaltar.
No vi nada, como siempre,
todo tenía que cambiar,
nada tenía que perder,
todo tenía que ganar.

Cruzando la estación,
con una mano delante y otra detrás,
pude yo observar ,
que el pecho no podía controlar,
y es que era una difícil decisión,
como acompañantes tenía,
fuerza, cerebro, coraje y corazón.

Y aquí estoy ahora,
llena de matices y cicatrices
hechas y curadas por mi sóla
con la cabeza fría, el corazón caliente,
con la mirada ida,
y voz y fuerza potentes.

Me juré a mi misma
que era el momento
y salí adelante,
a mi encuentro.

Y porfin, ya no jugaba a todo o nada
descubrí que a veces sólo necesitaba
de " un poco" y casi nunca "casi nada".




domingo, 30 de octubre de 2016

Monotonía vol II

 Bajar cinco pisos cada mañana no es para tanto, lo peor es cuando te toca subirlos. –cuando piso la calle me doy cuenta del calor que hace, de lo poco adaptada a este tiempo que estoy aún, yo, que voy en vaqueros y jerséy. Me cruzo con unos niños que van al colegio y la estampa me llega hasta el corazón, van cogidos de la mano y uno mirando al otro, me vienen recuerdos de la infancia, voy recordando anécdotas vividas y aquellas que no me acuerdo pero que siempre salen en comidas familiares. Llego al metro. Llego en hora, voy a llegar con tiempo de sobra, como a mí me gusta. En el metro me conecto a los cascos y a mi música, siempre busco las letras más enriquecedoras, y “te vi bailar bajo la lluvia” de Quique González me apetecía mucho aquella mañana.

sábado, 8 de octubre de 2016

monotonia vol I


Miro por la ventana en busca de respuestas, respuestas a preguntas que realizo muy, muy a menudo y que de momento no encuentran respuesta. Vuelvo a mirar por la ventana mientras doy otro sorbo a mi café recién hecho. Observo cada ventana de cada edificio, jugando a adivinar las vidas de las personas que las llenan de vida. Alguien se asoma, bajo el calor abrasador de la mañana.

El viento entra por la ventana, mientras cierro los ojos, me mueve el pelo y me revuelve el olor de mi piel. Que momentos tan pequeños, tan enormes, tan únicos y a la vez tan cotidianos. Y las nubes en lo alto, empiezan a moverse haciendo figuras divertidas. Y fantaseo un rato, con esto y con lo otro, con sueños y metas, con que va a ser un buen día, con que va a ser una buena vida. Y se acaba el café, y el locutor de la radio avisa de que llego tarde. Y de nuevo, vuelvo a posar los pies en el suelo. Golpe de realidad. Empieza el día, y las prisas.

viernes, 22 de julio de 2016

Salud...divino tesoro

¡Qué poco valoramos la salud! 


Lo cierto es que así es, nos paseamos por la vida alardeando de salud, moviéndonos de aquí para allá sin parar ni un segundo a reflexionar sobre el que tenemos al lado, o el que no tenemos. 

El que no puede ir por el mismo sitio que nosotros porque va en silla de ruedas, o directamente el que se queda en casa, o peor, en el hospital. El que tiene que ir siempre acompañado, o no se vale por si mismo, el que no puede ver, o escuchar...
Somos conscientes que la enfermedad está ahí, en cada rincón, pero no somos capaces de pararnos a pensar en el que ya lo está, y eso me da mucha pena.


Valoramos poco, muy poco la salud, sólo lo hacemos cuando nos levantamos una buena mañana como un trapo, hechos -o mejor dicho, deshechos- añicos, y ahí es cuando, vemos, cara a cara al dolor, le ponemos nombre y apellidos y hasta le cantamos hasta la madrugada porque no nos podemos ir a dormir.


Mi reflexión y mi profesión me lleva a acordarme del dolor cada día, desde el otro lado, desde la barrera, pero siendo capaz de ayudar al que tengo a mi lado, no siempre, claro está pero aportando herramientas para hacerle la vida y más fácil y de mejor calidad.


A los que no estáis enfermos, y a los que lo estáis, valorad la salud, es lo más importante que tenemos.

miércoles, 13 de julio de 2016

No es fácil

Ser deportista no es fácil. Llevar años en una especialidad poco conocida y valorada no es fácil, y aún menos cuando llevas años entrenando por una marca específica que no sale.
No es fácil levantarse cada día con las mismas ganas que al inicio de la temporada, cuando llevabas las pilas cargadas y te prometías que guiarías tus impulsos cada día para entrenar al 100%. 
No es fácil llegar al gimnasio y cargar las barras y dar el 100% cuando llevas 8 horas estudiando, fuera de casa y comiendo un "tupper" en la facultad tarde, mal y nunca. Y todavía que te quede energía para hacer esas series de velocidad al final del entrenamiento, y ponerle la gracia, el salero y el tesón... cuando lo único que quieres es llegar a casa. 
No es fácil pasar competición tras competición,-durante varias temporadas- sin mejorar la marca, sabiendo que puedes hacerlo y que tienes un bloqueo psicológico que no te deja avanzar.
 Pero a mi no me gusta lo fácil, porque sigo aquí, y aun que me pregunte un millón de veces antes de meterme en la cama el por qué sigo, muy dentro de mi se la respuesta. Sigo porque me pesan más en la balanza los años que llevo practicando este deporte, y aunque no es fácil, estoy rodeada de buena gente, de gente unida por una pasión, y que para mi ya no son gente, son buenos amigos. Con ellos paso más tiempo que con mi familia, compartiendo dudas, miedos pero sobre todo, animándonos en las buenas y en las malas, cuando un peso no sube, cuando un lanzamiento se queda corto...

No es fácil, pero sigo aquí, no se por cuanto tiempo, ni puedo garantizar que el tiempo que me queda sea bueno, o valdrá la pena, pero sigo aquí, con ilusión, con ganas de que la marca que no sale algún día salga, enganchada a este deporte GIGANTE y tratando de disfrutar y aprender de él. 

viernes, 24 de junio de 2016

Lo que sabemos

Aquella noche, me dormí tarde, haciendo un repaso rápido del día y de las caras que había visto por última vez. Seguí pensando, mi mente viajaba a una rapidez que no eran apreciaciones conexas, y cuando estaba cayendo en manos de Morfeo... apareció tu cara, mirándome, ahí delante, tan sumamente cerca que tuve que abrir los ojos y la boca, de repente.
Entonces me planteé un nuevo reto: conseguir que tus ojos llenos de pestañas no me intimidaran,  y fuera capaz de avivar mi mente y parecer una persona normal a tu lado, sin que te percataras de que había una realidad contrapuesta dentro de mi. Mi cerebro trabajaba cual robot, intentando explorar tus gestos, analizándolos y guardándolos en el corazón para siempre. Y supe que mi reto se podía convertir en realidad fácilmente, porque no lo ibas a poner difícil, pero eso no me gustó.
Y cambié mi cara en la cama, fruncí el ceño y me sentí perdida, me sentí muy triste y sólo puse autocastigarme con canciones melancólicas de Youtube. cerré mis ojos- esos que estaban llenos de lágrimas- y me tumbé de lado, apreciando la música  y mi tristeza aumentó, y lloré fuerte, y solté lastre, y no recuerdo nada más.


Amanecí con los ojos cansados y el corazón desgarrado porque no estaremos juntos jamás.

viernes, 3 de junio de 2016

La suerte del trabajo

¿ Por qué tengo tanto miedo a decir lo que siento? No lo que pienso, sino lo que siento, lo que pasa por mi piel con cada decisión. ¿ Es miedo a no encajar?¿ a no ser entendida? ¿ tal vez sea miedo a ser demasiado vulnerable?
Lo cierto es que me considero bastante diferente, entiéndanme, si, quiero lo que la mayoría quiere, tener una familia a quien cuidar y por quien velar y un trabajo y todo eso. Pero el kid de la cuestión son las diferencias, y son esas las que se aprecian cuando se mira dentro, más de cerca, con tiempo y sin prisa. Cuando sabes el color de ojos, la colonia favorita porque la has olido, cuando sabes la película favorita porque la compartiste veinte veces, cuando planeas y sueñas y vives pequeñas cosas.
Me considero una loca insaciable, necesito que todo me vaya bien y lucho cada día ante mi negativismo. Lucho por ver la vida de color de rosa o de cualquier otro tono pero hacerlo mío. Hacer mía mi vida y de nadie más. Ser un poco egoísta, y no pensar que mi decisión va a afectar al tío del vecino. 
Me considero una loca del desorden, pero dentro de ese desorden, de ese eterno caos, hay un orden que sólo yo conozco. Mi pequeño universo donde las cosas me pasan por una razón. Creo más en el trabajo que en la suerte, pero también hay una parte de suerte en el éxito, que sólo trabajando encontrarás.
Con esto quiero decir que si aún no me ha pasado algo maravilloso en esta puerta del destino, otra más grande y brillante de abrirá ante mi. Porque así tiene que ser y así lucho cada día por que sea.
Y si no es así, empezaré a intentar abrir ventanas